El valor del triunfo - Oval Zone
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Opinión

Germán Quiroga

Rodrigo Marbán

Ander Vilariño

Tyson Ibarra

1 jun. 2010

El valor del triunfo

2:30h.
La NASCAR es el deporte con más afluencia de público en EE.UU., y sus carreras son retransmitidas en más de 150 países en 30 idiomas diferentes. Este negocio multimillonario procede directamente de las carreras en pistas de tierra que se comenzaron a disputar en Florida y Carolina del Norte a finales de los 40. Los pilotos que disputaban esas carreras lo hacían con Stock Cars de verdad: coches de calle a los que les añadían improvisados cinturones de seguridad, que no tenían jaula para protegerlos durante los accidentes, y con neumáticos de calle que explotaban regularmente.

Durante los 60 años de vida de la NASCAR han cambiado muchas cosas, entre ellas los coches. Ahora mismo, lo único que tiene en común un coche de la NASCAR con uno de fabricación en serie, es que ambos tienen un volante, cuatro ruedas y un motor. El COT de nuestros días es un bólido creado desde cero mediante ingeniería, y cualquier parecido con el coche que tenemos en nuestro garaje es mera coincidencia.

El precio de la victoria en la NASCAR ha crecido exponencialmente en los últimos 20 años. Atrás quedaron los tiempos en los que Alan Kulwicki, con un presupuesto de 2 millones de dólares, ganó el campeonato en 1992. En la actualidad, los equipos punteros manejan presupuestos de más de 20 millones de dólares al año. La partida más grande de esos presupuestos se destina a la construcción, mantenimiento y desarrollo de una autentica flota de coches de carreras. Un solo coche cuesta una fortuna, pero la mayoría de los equipos que disputan el campeonato mantienen un número de entre 14 y 20.

Tradicionalmente, la mayor parte de los presupuestos se consumían en la investigación y desarrollo del coche. Con la introducción del Car of Tomorrow,  la NASCAR ha logrado reducir costes en ese sentido, ya que todos los coches corren con exactamente las mismas especificaciones. Algunos propietarios de equipos han declarado que, aunque el COT es más caro de construir, les ha permitido reducir su flota de vehículos de 20 a solamente 12, debido a que el modelo actual de la Sprint Cup está diseñado para competir en todos los circuitos de la NASCAR.

Para hacernos una idea de lo que cuesta un coche de competición de la NASCAR, empezaremos con el corazón de la máquina: el motor. Antes de la aparición del COT, la NASCAR ya disponía de una estricta reglamentación en cuanto al tamaño y las especificaciones de los motores. No pueden ser más grandes de 5.867 centímetros cúbicos, con lo que se limita la potencia que pueden producir.

La mayoría de los equipos punteros construyen ellos mismos sus motores. El coste aproximado de esos motores, cuyo ensamblaje requiere más de 100 horas de trabajo, está comprendido entre 45.000 y 80.000 dólares (36.600 y 65.000 €). En empresas como Hendrick Motorsports, atienden además la demanda de diferentes equipos de la Sprint Cup, con un departamento de motores de 95 personas que produce unos 600 motores al año.

Pasemos a los neumáticos. Como ya sabemos, no tienen nada que ver con los neumáticos de calle. Al no tener dibujo se desgastan a una mayor rapidez, y son mucho más anchos. Cada uno de ellos está construido a mano, y su coste oscila entre 350 y 450 dólares (285 y 366 €). En cada carrera, un equipo puede gastar unos 20.000 dólares en neumáticos (16.300 €).

El chasis de un Stock Car está construido basándose en la aerodinámica y la seguridad. Hasta la llegada del COT, los 4 modelos presentes en la Sprint Cup provenían, por decirlo de alguna manera, del Ford Fusion, Chevrolet Impala SS, Dodge Charger y del Toyota Camry, y cada unidad costaba entre 125.000 y 150.000 dólares (102.000 y 122.000 €).

Según Jack Roush, dueño de Roush Fenway Racing, el COT supone un gasto de un 50 por ciento más tanto en su construcción, como en su mantenimiento y reparación tras un accidente. Pero al no tener que afrontar el gasto en investigación y desarrollo, los costes descienden entre un 25 y un 30 por ciento en comparación con el modelo anterior.

¿Y quién paga todo esto?

Pues los nombres de los que extienden los cheques están escritos por el techo, los laterales, el capó y la parte trasera del coche. Los venerables patrocinadores son los que permiten que este deporte sea lo que es hoy en día, pagando tanto los costes de la fabricación del coche, como los gastos derivados de la investigación y desarrollo, y del mantenimiento de los equipos. En Hendrick Motorsports, empresa en la que trabajan unas 500 personas, los diferentes patrocinadores cubren entre un 65 y un 70 por ciento de la infraestructura, mientras el resto del presupuesto se cubre con las victorias en las carreras y otros medios de financiación.

En definitiva, la NASCAR no se diferencia demasiado de las otras grandes categorías del automovilismo. Inmersos en una importante crisis económica, todos los equipos están sufriendo recortes, e incluso el abandono de grandes patrocinadores, por lo que prácticamente cada día surgen nuevas incógnitas acerca de su continuidad.

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