¿Se toma NASCAR México en serio su negocio? - Oval Zone
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Germán Quiroga

Rodrigo Marbán

Ander Vilariño

Tyson Ibarra

6 may. 2015

¿Se toma NASCAR México en serio su negocio?

11:00h.


Sí, bastante más que la propia dirección de la serie, NASCAR USA o los aficionados a la NASCAR mexicanos.

Acostumbrado a los óvalos estadounidenses y a los circuitos mixtos europeos, uno no puede evitar caer en el pecado de comparar, y realmente las comparaciones me parecen odiosas, pero en este caso echo mano de ellas porque es elegir un modelo exitoso, tanto deportivo como de negocio, para contrastarlo con un tipo de negocio basado en el cortoplacismo y con la fecha de caducidad marcada en la frente: NASCAR México.

Los aficionados a la NASCAR en México no exigen lo que deberían, y no sólo hablo de un espectáculo de gran calidad y profesionalismo, sino de una auténtica atención en los circuitos, pasando por accesos claros a las instalaciones, una acomodación decente, servicios de todo tipo para hacer de su experiencia en el óvalo y la de su familia algo inolvidable, quedando el cliente fidelizado de por vida, o más bien, hasta que tenga una mala experiencia y se voltee a otro deporte más tradicional y asentado. Gran culpa del aficionado, por no exigir lo que le corresponde.

Los profesionales que trabajan en NASCAR México creo que dejan el listón muy alto en lo que a su trabajo se refiere, sobreviviendo a los recortes, tanto presupuestarios como de personal que OCESA impone, peleando con pocos medios y gran vitalidad porque la serie se asiente definitivamente en México (todo hay que decirlo, lugar de poca tradición en NASCAR), haciendo alardes de imaginación para vender un producto difícil de vender en México y que, sin embargo, con el duro trabajo de personas como Lupillo Vite, Luis Aveleyra o Martín González, entre otros muchos, se consigue llegar al aficionado, aunque de forma quizá difusa y con falta efectiva de pegada, condiciones inevitablemente impuestas por las altas esferas.

Y llego probablemente al que es uno de los mayores pecados de la NASCAR México, los óvalos, culpa compartida por muchos, siendo la principal de los chapuceros propietarios de las instalaciones, que tiene la íntima colaboración de NASCAR… sí, la de Estados Unidos, a los que se les llena la boca por tener al serial mexicano bajo sus lineamientos, pero que no exigen lo más mínimo a la dirección de la serie para que ésta sea la que ponga a los propietarios de los óvalos los puntos sobre las íes para que NASCAR pueda correr en determinado óvalo. ¿Se han preguntado alguna vez si NASCAR USA tuviese que elegir un óvalo en México para correr cuál elegiría? Ninguno, probablemente sólo les serviría el asfalto (y únicamente el de alguna pista), desechando todo lo demás.

Voy a permitirme una pequeña licencia sobre mi primera experiencia como periodista deportivo en un evento de NASCAR México; espero no aburrirlos, pero es ilustrativo de una forma de hacer las cosas bastante despreocupada. Fue en el Óvalo Aguascalientes México (OAM). El día de antes de la carrera se celebró el día de medios, con la entrega de acreditaciones y convivencia con pilotos y organizadores; el desempeño de los profesionales que allí me encontré fue impecable y, aunque había alguna cosa por mejorar, mis expectativas para el evento fueron muy buenas.

El día de la carrera... ¿dónde está el circuito? Google Maps me sacaba de dudas, como en otros casos, pero acercándome al lugar esperaba ver alguna indicación o un gran cartel en el lugar “Óvalo Aguascalientes México”; ni lo uno ni lo otro, lo que vi me decepcionó sobremanera.

Entrada al Óvalo Aguascalientes México.

Al acceder a las instalaciones, la amabilidad y la profesionalidad eran la pauta, sin tener queja alguna sobre los profesionales, pero sí de las directrices marcadas desde arriba, comprobándolas en carne propia al recoger el pase para el fotógrafo que me acompañaba… había que entregar el formulario que ya llevaba cumplimentado, pero firmado por el director de la serie ¿Enrique Contreras? Sí, el mismo; soberana estupidez, molestar al jefe para que me firme un pase de entrada.

¿Y por dónde se iba a por el director de la serie? Al óvalo, pero antes tuve que dejar mi coche en el aparcamiento de espectadores, que estaba 500 metros más allá. ¿Por dónde voy? “Hacia allá”, me dijo alguien, señalándome el graderío; había llovido mucho en la noche y tuve que hacer una carrera de campo a través, con obstáculos, barro hasta los tobillos, caminos que no existían y, por supuesto, nada de asfalto. Al acceder al infield, después de una vuelta completa al óvalo por el exterior buscando alguna señalización y con mi papel en la mano, llegaba la hora de buscar al Director de la Serie para que me firmase el pase de mi compañero; “En un carrito de golf”, me dijo el siempre atento y amable Martín González. Seguí llenando de barro mis zapatos en el mismo infield y encontré a Enrique Contreras, después de mucho buscar.

El director de la serie se me apareció como un señor muy malencarado, que no me dedicó ni una sola palabra, ni una mirada, ni un gesto, y eso que por dos veces lo saludé y traté de ser cortés y educado. Imagino que ese tipo de trabajos le hastían, porque llegar a ser director general de NASCAR México y dedicarse a firmar pases de entrada no tendría que ser una de las ocupaciones de tan alto cargo, debiendo delegar ésta y otras funciones en subordinados. Ya estoy muy mayor para que la gente me trate mal, y menos cuando estoy haciendo mi trabajo; ni el mismo Bernie Ecclestone me trató al conocerlo como Enrique Contreras, pues el mandamás de la F1 al menos alzó la vista cuando escuchó “nice to meet you, Mr. Ecclestone”, y si tampoco me dirigía palabra alguna, nuestras miradas se cruzaron y esbozó una sonrisa.

Después de esto, entregué la acreditación a mi fotógrafo y, algo decepcionado de lo que estaba viviendo, me dediqué a disfrutar del espectáculo, trabajar como mejor se pudiese y sacar enseñanzas de todo… sacarle bien el jugo a la categoría.

Regresando al objeto de este artículo, es decir, las características de los óvalos mexicanos, siento que todo está viciado desde la concepción de los mismos, ideados como oportunidad de negocio exclusivamente y no para ofrecer a la población de un lugar concreto un espectáculo que genera calidad en sus vidas y, por consiguiente, negocio. Así, nos topamos con óvalos ideados con mediocridad, ya incluso desde la longitud de los mismos; la chapuza continúa en el ejercicio de diseño, donde al arquitecto se le olvida algo tan elemental como incluir los baños o zonas sombreadas, algo imprescindible en un país caluroso como México, rodear las instalaciones con una pista asfaltada, hacer aparcamientos y no sembradíos de patatas, señalizar y construir accesos propios del mundo civilizado.

Y seguimos con el interior de los circuitos; generalmente es lo peor de todo, pues es la imagen que los espectadores se quedan de una categoría. Los invito a que observen con atención la fotografía que ilustra la cabecera de este artículo de opinión, tomada en el Súper Óvalo Chiapas.

Los graderíos son completamente provisionales, pecado derivado del error de concepto inicial que es el cortoplacismo, las vallas tendrán una altura reglada por normativa, pero no la suficiente para contener a un coche o sus piezas que viaje a más de 200 kilómetros por hora y que víctima de un accidente se eleve; los muros son eso, muros de cemento, no encontrándose en las instalaciones las ya famosas “safer barriers” de Estados Unidos, que tantas lesiones y vidas han salvado ya en NASCAR; la mala hierba prácticamente se mete dentro de la pista ¿tanto cuesta tener en nómina uno o dos jardineros?; el asfaltado de la pista parece una broma de mal gusto, pero no es el único, fíjense en el óvalo de San Luis Potosí:
Pista de San Luis Potosí.

Este óvalo es uno de los que los pilotos e ingenieros más se quejan de la suciedad en la pista, algo bastante común en muchos óvalos de México, pero algo perfectamente normal, porque si colocas un circuito NASCAR en medio de un lugar polvoriento será complicado detener la suciedad; y si para colmo, en el infield (la parte interna de del óvalo) sólo hay arena y barro cuando llueve porque no se han molestado en asfaltarlo completamente para dejar el menor trabajo posible a los hipotéticos jardineros, tendremos todos los ingredientes para que el espectáculo visual sea lamentable en una primera impresión.

Infield del Súper Óvalo Potosino.

Vean lo que es un óvalo preparado para albergar un gran espectáculo y comparen con la foto de Chiapas ¡algo está fallando!

Interior del Phoenix International Raceway.

¿Y mientras qué hace NASCAR USA para solucionar todo esto? Mirar hacia otro lado, que es lo más cómodo. ¿Qué hacen los propietarios de los circuitos? Llenarse los bolsillos en dos o tres carreras al año, sabedores que en diez o quince años sus instalaciones serán ruinas que venderán a alguna promotora inmobiliaria. ¿Qué hacen los aficionados? Llegar como corderos a un lugar que no está correctamente habilitado y no exigir buenas instalaciones y mejores servicios. ¿Qué hacen los trabajadores de los circuitos y de NASCAR México? Trabajar profesionalmente como mulas con precariedad de salarios, de personal y de medios. ¿Y qué hace la dirección de NASCAR México? Firmar las acreditaciones.

Mal nos va, queremos crecer pero no ponemos las herramientas ni se exige a los responsables unas instalaciones y una gestión adecuada de los recursos; todos reman en la misma dirección, pero parecen deseosos de que la barca se acerque a la orilla para saltar en marcha… ¡ahora que están a tiempo!

Agradecimientos imágenes: Manuel Agüero, Google Street View, Súper Óvalo Chiapas, Súper Óvalo Potosino, Óvalo Aguascalientes México, Phoenix International Raceway.

martin.cano@ovalzone.com

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